Las enseñanzas que ha dejado "una pandemia que marchita"
Ante la cruda realidad de muchos colombianos que han tenido que despedirse de sus seres queridos durante este tiempo de pandemia, la directora del Consultorio Jurídico de Utadeo Carolina Sáchica, en su columna de opinión en “La Nueva Prensa”, relata esas enseñanzas que ha dejado el coronavirus en distintos ámbitos, entre ellos el familiar, al referirse particularmente al fallecimiento de su padre.
Como lo indica, la cuarentena no solo ha dejado momentos difíciles. También, durante las primeras semanas de aislamiento, tuvo la posibilidad de compartir y cocinarle a sus padres, algo que no era costumbre pero que se convirtió en un hábito y en un placer, actividades que compartía con su hijo Mateo.
“Mi papá a sus 82 años, tenía una vida propia: salía a caminar todos los días al parque, se encontraba con sus amigos del “parche” y como buenos pensionados, después del ejercicio reglamentario, se reunían a arreglar el país en medio de un café; tomaba clases de yoga, de talla en madera y esperaba que el perro llegara de la guardería a las 5:00 pm y con frecuencia nos encontrábamos al final del día; los domingos sagradamente teníamos almuerzo familiar en mi casa, era su rutina además de otras actividades, tenía una vida saludable y tranquila y sobre todo, planes y una motivación permanente. Me encantaba escucharlo, verlo leyendo y enganchado con la realidad, lleno de energía y vitalidad”, relata la tadeísta.
Así, señala la tadeísta, lo que inicialmente se creía iba a ser una cuarentena de veinte días, rápidamente la vida en el confinamiento se fue prologando, al tiempo que los mayores de setenta percibían como su vida se reducia a estar encerrados en casa. Del mismo modo, puntualiza, la muerte comenzó a normalizarse y a convertirse en tema de conversación, debido al incremento de víctimas por COVID-19.
“Celebramos el triunfo jurídico del “cartel de las canas” que logró la tutela de los derechos a la igualdad, libre desarrollo de la personalidad y libertad de locomoción de los adultos mayores de 70 años, también celebramos cumpleaños y días de la madre y del padre, en familia, de una manera virtual atípica pero especial. Los valoré como nunca”.
El 4 de agosto, retomando los fines de semana en familia, mientras todos compartían un almuerzo, su padre se vio afectado por una fátiga que, en cuestión de minutos, se acentuó. Al final, un paro fulminante acabaría con la vida de su padre: “La muerte no fue tan terrible como yo imaginaba... lo terrible ha sido el vacío posterior, mi papá decía que no le tenía miedo a la muerte sino a la agonía previa. La muerte en sí misma, es un milagro (…) Ha sido el día más triste de mi vida, Mateo llamó a contarle a mis hermanas, ni mi mamá ni yo pudimos, y empezó el tedioso trámite que implica una muerte en esta época, con el riesgo de que, ante cualquier mínima sospecha de COVID, le dieran el tratamiento correspondiente a su cuerpo, lo cual hacía todo más difícil; afortunadamente no fue nuestro caso y pasadas 13 horas, la funeraria recogió el cuerpo de mi papá, todo era oscuridad, salió entre una funda negra sobre una camilla, por la misma puerta por la que había entrado feliz entre fiestas de bienvenida que le hacía el perro, el sol entraba por la ventana y en se momento, todo era luz; pudimos velarlo en total privacidad dadas las restricciones de la época y acompañarlo al cementerio donde se encargarían de su cremación".
Sáchica describe a su padre como un ser agradable, al que daba gusto verlo, escucharlo y sentirlo cerca, siempre amoroso y de buen humor: “Ya no está con nosotros pero su cálido recuerdo se ha encargado de llenar el vacío de su ausencia; en mi diálogo interno le digo: te saliste con la tuya papá, te fuiste rapidito y sin “poner pereque”, y ahora ¿yo qué? me responde en el mismo diálogo interno: “no te preocupes, por el camino se van ajustando las cargas...” y finaliza con su infaltable, “te quiero mi hijita, cuídate mucho”.
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