20 años se cumplen desde que aproximadamente 450 paramilitares se tomaron El Salado durante cinco días completos, siendo el 18 de febrero el peor de todos.
El Salado es un pueblo, un corregimiento a 19 kilómetros de Montes de María, perteneciente a la región Caribe, pequeño pero con una gran memoria para recordar cada minuto de desespero entre el 16 hasta el 21 de febrero del año 2002.
Todo comenzó tres años antes, en 1997, cuando los paramilitares llegaron por primera vez y generaron una masacre de cinco personas. Dos años más tarde, un helicóptero sobrevoló la zona lanzando panfletos con una advertencia clara ‘compartan con sus familias, cómanse las gallinas, las vacas y los cerdos, disfruten con sus seres queridos’, recuerda Neyla Narváez, una de las sobrevivientes.
Finalmente, todo se tenía que cumplir después de dos advertencias previas y sin protección militar, cuando por instrucciones de sembrar miedo entre la población, entraron tres comandos con 150 paramilitares cada uno a rodear el pueblo. El mando lo tenían los jefes paramilitares del Bloque Norte, entre ellos Salvatore Mancuso y John Henao, alias ‘H2’, delegado de Carlos Castaño.
Tan solo el tercer comando, “El Tigre”, dejó 26 víctimas, entre campesinos degollados y mujeres violadas, mientras se desplazaba hacia El Salado. Una vez entraron, el 18 de febrero, muy temprano en la mañana, comenzaron a sacar a todos los habitantes de sus hogares y los llevaron en grupos hasta la cancha de microfútbol del pueblo.
Allí comenzaron a tocar instrumentos extraídos de la Casa de la Cultura, a comer todo lo que habían saqueado de las tiendas y a cantar acompañados de la música que salía de los equipos de sonido. Cada muerte que generaban, lo celebraban al ritmo de gaitas y tambores.
Después de 17 personas asesinadas en la mitad de la cancha, 6 dentro de sus casas y otras cinco en el monte, cuando los paramilitares terminaron de sembrar terror, el 19 de febrero se fueron con la muerte de 28 víctimas entre sus manos. A la hora, ingresó la Compañía Orca de la Infantería de Marina por el extremo contrario.
Hoy, el pueblo sigue desolado comparándolo a como era antes de la masacre. Sin embargo, algunas personas han iniciado el proyecto “Casa de la Memoria de El Salado”, con el objetivo de sanar heridas y recobrar el orgullo de un pueblo al que le robaron la alegría.



