Alexander vive en Pacho Cundinamarca. Tiene 42 años. Es un hombre que vive entre el deporte, la disciplina y la superación personal. Alguien a quien, quizás, por su condición física, quienes no lo conocen lo subestiman.
A sus 20 años deseaba una sola cosa. Algo que con terquedad y persistencia le pedía a diario a su papá, José Antonio Sánchez. Un deseo que anhelaba cumplir.
Un día le trajo eso que tanto había soñado. “Le pregunté a mi hermano menor: “¿Cómo se hace?”, él me dijo “pues usted sube, se agarra y pone un pie, lo impulsa y manda el otro, luego el otro y así arranca”, dijo José Alexander Sánchez Serrato el día en que su primera bicicleta llegó a sus manos: era una todoterreno roja. Cuando empezó a montar, se agarraba con la mano derecha de la cuerda donde colgaba la ropa y con la izquierda sostenía el manubrio. Practicaba todos los días en un camino angosto y destapado sobre tierra, con piedras, rodeado de arbustos y delineado con pequeñas curvas. “Yo le decía que dejara esa cicla por ahí tirada, pero me respondía que no, que no, que no, que él podía, que lo dejaran”, dijo Fanny Serrato, su mamá, mientras miraba a lo lejos el camino pedregoso.
Pacho Cundinamarca es un municipio situado a dos horas de Bogotá, y se conoce como la ciudad naranjera del país. Es el pueblo de Gonzalo Rodríguez Gacha, uno de los más grandes narcotraficantes del mundo. Es el lugar donde se fundió hierro por primera vez en Latinoamérica, y también tierra de café, panela y ganado.
A 20 minutos del casco urbano, se llega a la vereda Llano la Hacienda. No es fácil diferenciar cuál de las fincas es propiedad de la familia Sánchez Serrato. A medida que se avanza por la carretera principal, hay algo que define la entrada de la propiedad. Hay una moto Yamaha BWS dos tiempos color negro y naranja. Es la moto de Alexander. Está estacionada junto al portón desgastado de color café. Al pasar por el pequeño espacio entre la guadua y ese portón, se sube, se baja y nuevamente se vuelve a subir por una pequeña montaña. Es una caminata que dura cinco minutos o tal vez menos. A lo lejos se puede ver una casa entre árboles altos, palmeras, caña de azúcar y flores que forman parte de la decoración natural del lugar. Se entra a la casa por un estrecho hueco formado por una cerca de madera y una puerta corrediza hecha en guadua. Al lado derecho de la puerta principal hay un cuadro del Papa Francisco, y al lado izquierdo hay un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe y camándulas que cuelgan de puntillas clavadas en el adobe.
Alexander es el segundo hijo del matrimonio entre José Antonio Sánchez y Fanny Serrato. Con 42 años, aún vive con sus padres en la casa que generación tras generación se ha mantenido en la familia. Desde su nacimiento ha cargado con una parálisis de medio cuerpo causada por una lesión cerebral: hemiplejia. En la actualidad es un deportista paralímpico de alto rendimiento en atletismo. Está vinculado a la Liga de Deportes de Cundinamarca hace ocho años. Ha viajado como deportista a Cali, Medellín, Cúcuta y Bogotá. Se ha destacado su participación en los Juegos Para-nacionales, en el Open Internacional de Para-atletismo, en el Open Internacional de atletismo olímpico y en el Abierto Nacional de Para-atletismo. “Nunca hemos podido acompañar a Alex porque nos toca pagar a nosotros y eso es costoso, pero por teléfono siempre estamos pendientes y le damos ánimo”, dijo su mamá.
El contrato laboral de Alexander fue firmado y oficializado en compañía del Gobernador de Cundinamarca Jorge Emilio Rey, en una de sus visitas a Pacho Cundinamarca, en agosto de 2016.
Una carrera deportiva se convierte en un motivo para salir adelante
Durante su niñez su juego favorito era correr alrededor de la casa y de la finca. Aunque aprendió a montar bicicleta y fue una de sus pasiones, nada le gustaba más que correr junto a sus seis hermanos. “Yo me ponía a llorar de la angustia de verlo caerse a cada rato”, dijo la mamá de Alexander. Él es fiel hincha al Atlético Nacional y ver a su equipo del alma le generó en su interior un gran amor por el fútbol.
Algunos días de la semana asistía a los calentamientos de la Escuela de Fútbol Independiente Pacho. Allí le gustaba hacer fogueos con los muchachos que entrenaban. El equipo era dirigido por el profesor Jairo Pulido, quien fue la primera persona en observar el talento de Alex. “Cuando yo iba, el profe Jairo me dejaba hacer picaditos con los chinos. Me gustaba competir contra ellos al menos por jugar”, cuenta Alexander.
Desde hace 14 años Alex se vinculó a la Fundación Elkin Armando en Pacho. Para el año 2009, la licenciada Francy Rodríguez, docente de la Liga de Deportes de Cundinamarca, visitó la fundación en búsqueda de personas diversamente hábiles que tuvieran algún tipo de capacidad para poner a prueba en un deporte.
Inicialmente Alexander fue seleccionado para lanzamiento de bala y de jabalina.
“La profesora Francy encontró aquí al ‘nene’ e iniciaron entrenamiento. Por su discapacidad uno trata de no presionarlo tanto, pero nunca se ha excluido, ni se le ha tratado como uno menos. Se trata de igual, como a cualquiera de la familia”, cuenta su hermana menor Diana Gisselle Sánchez.
Pero para ese tiempo no tenía entrenador ni lugar para practicar. Entonces, de manera autónoma, hizo en la finca su propia pista de entrenamiento rústica y artesanal. Como le permitían llevarse la bala, él escogió un terreno y lo explanó junto a su padre. Todos los días se levantaba, se ponía ropa deportiva y se posicionaba en un punto y lanzaba con su brazo izquierdo. Luego medía la distancia e iba anotando sus marcas. Así duró alrededor de tres años practicando estas dos modalidades.
En su primer año de prácticas deportivas asistió a los Juegos Paranacionales de Cali, donde compitió por primera vez en la modalidad de lanzamiento de bala. Obtuvo sus primeras medallas de oro y plata. “Él siempre deja claro que representa al municipio, porque siempre lleva su banderita, la saca y se la amarra o se la cuelga para que los demás la vean”, dijo Diana Gisselle Sánchez.
Con el tiempo, Alex le insistió al profesor Pulido, su entrenador, sobre un cambio de modalidad.
—Yo hago el entrenamiento, pero no me gusta. Quiero ensayar con atletismo.
—No, no, no ‘guevón’. Usted está entrenando para lanzamiento de bala, su potencial está en su brazo, hágale con eso.
—No profe, yo quiero entrenar atletismo.
Durante las clases de atletismo realizadas en el Estadio Marco A. Morales en Pacho Cundinamarca, Alexander Sánchez dirige y enseña técnicas deportivas en compañía del profesor Alejandro Ortiz, quien es además su entrenador.
Luego de unas prácticas sus entrenadores aprobaron el cambio de modalidad a atletismo. Con el tiempo se dieron cuenta de las fortalezas y debilidades que tenía. La manera como está formado el hueso del brazo y la poca fuerza de la pierna del lado derecho de Alex le impiden ganar velocidad al momento de correr. Sin embargo, su parte izquierda ha sido entrenada para recargar todo el peso y la fuerza de su cuerpo. Eso le permite ser un deportista resistente, pero no veloz. Siempre tiende a participar en las competencias con distancias largas, entre los 800, 1.500 o 2.000 metros.
“Eso es duro, a veces hay unos que son grandes y muy ‘tesos’, algunos son ‘putos’, pero siempre mi familia me dice hágale que usted puede, no importa el resultado”.
En el 2013, en una competencia en Medellín, obtuvo una medalla de oro y otras en plata siendo atleta. “Él decía que estaba en su salsa. El recibimiento fue muy emotivo porque desde la entrada de Pacho, en el barrio El Tao, lo recibieron los bomberos y en el camión hicieron un recorrido por todo el pueblo celebrando sus triunfos”, dijo su hermana.
A medida que su hermana contaba las anécdotas deportivas de Alexander y terminaba de hablar sobre esa celebración, él prestaba atención sentado desde su sofá con una sonrisa. Por momentos reía, tal vez por pena o por felicidad. Pero interrumpió contando una situación que vivió en el 2016. En el Abierto Nacional de Para-atletismo Colombia, estaba programado para participar en la competencia de 800 y 1.500 metros. Pero en el último momento fue incluido en los 5.000 metros planos. “Yo no estaba preparado para esa distancia, porque nunca la había entrenado, pero igual me traje medalla de plata en la de 5.000 y en la de 1.500 metros una de oro”, recuerda Álex.
La jornada diaria de Alexander Sánchez tiende a iniciar hacia las cinco de la mañana. Luego de levantarse, ayuda a ordeñar las vacas de la finca. Luego se baña y se alista. Se pone una sudadera, camiseta y chaqueta color azul o blanco. Luego sus medias y sus tenis color negro. Siempre usa su ropa deportiva. En todo el uniforme resalta el escudo y nombre LIGA DE DEPORTES DE CUNDINAMARCA. Desayuna junto a sus padres. Empaca en su maleta negra una pantaloneta, una camisilla y una botella con agua. Siempre sale de su casa a las siete de la mañana.
Según la rutina del día y cuando no quiere usar su moto se va caminando hacia el casco urbano. Sus entrenamientos son comúnmente en la mañana. Llega al Estadio Marco A. Morales, se cambia, baja a la pista de atletismo que está cubierta con carbón minúsculo similar al tamaño de la piedrita de un río. Su entrenamiento dura en promedio hora y media. “Siempre nos preguntaban el porqué Álex corría como un loquito de la vereda hasta el centro, o a veces por entre los barrios hacia arriba. Nosotros decíamos que así era como él entrenaba”, recuerda su hermana menor, Diana Sánchez.
Sus rutinas diarias solo se ven afectadas por una cosa: las competencias. Cuando debe viajar a competir fuera de Pacho, se despierta a las dos de la mañana porque él asegura que la ansiedad y los nervios no lo dejan dormir, y que por eso prefiere no dormir mucho y dejar todo listo, que nada falte. “La verdad es que Álex es un verraco para entrenar. No es flojo, uno le dice qué tiene que hacer y él lo cumple, es muy disciplinado”, cuenta su entrenador Alejandro Ortiz.
Actualmente Álex ha ganado 41 medallas. Cuatro de ellas son de oro. No tiene claro el número de competencias a las que ha ido, pero “ya malacostumbró a la familia”, como dice su papá, porque siempre trae una medalla o un trofeo de cada competencia.
Alexander Sánchez ha logrado con el apoyo de los padres de familia y la administración municipal, llevar a sus alumnos de la escuela de atletismo a competencias oficiales en ciudades como Zipaquirá, Chía y Bogotá.
Condición física
Sus familiares aseguran que Álex ha tenido grandes oportunidades, es un deportista que viaja muy seguido y siempre está pensando en ser mejor. Pero con el paso del tiempo el estado de salud de Alexander decae poco a poco. Sin embargo, siempre está alegre y sonriente. Pero quizá ahora presenta un problema de salud que lo aqueja debido a su edad y debilitamiento de su cuerpo. La falta resistencia en su espalda le cusa un dolor en la parte inferior. Eso le aprisiona e impide permanecer por un tiempo prolongado en la posición adecuada durante sus competencias.
Álex es un hombre alto, delgado pero fuerte. Su piel es trigueña y su cabello es negro. Es un hombre autónomo de su movilidad cotidiana. La hemiplejia que padece hace que su pierna y brazo derecho sean más delgados y frágiles. Su brazo y mano derecha están encogidos. Limitan su movilidad y motricidad. Pero eso no significa un problema para Alexander: ordeña, hace oficio y trabaja. Le gusta hacer las cosas por su cuenta.
La lesión cerebral afecta también su lengua. Parte de ella es más gruesa en comparación de la otra y le impide contener la saliva dentro de su boca. Por eso siempre lleva consigo una toalla guardada en el bolsillo izquierdo de su sudadera.
A grandes rasgos pareciera ser un hombre serio y solitario. Pero quienes lo conocen y disfrutan de su compañía dicen que siempre sonríe. Cuando se habla con Alexander él busca hacerse entender de alguna manera, ya sea con señas o escribiendo sobre un papel. Quiere estar y ser parte de la conversación. Sus cuerdas vocales están sobre puestas unas encima de las otras, lo que limita parte de su habla y los fonemas que pronuncia. Sin embargo, siempre encuentra la manera de comunicarse.
Alexander no cuenta con un proceso óptimo de cicatrización y renovación de células de su piel. Esto causa que se formen ampollas que con el tiempo se inflaman y explotan. Sus brazos tienen varias cicatrices que han borrado de a poco el color trigueño de su piel.
Cada caída o raspón que recibe conlleva un proceso largo y demorado de curación y cicatrización. Siempre evita caerse y golpearse, pero su ropa de entrenamiento (camisilla y pantaloneta) y el lugar donde entrena a diario se lo permiten.
La pista de atletismo está hecha en ese carbón similar al tamaño de la piedrita de un río. Siempre se incrusta dentro de su expuesta piel. “Yo me ponía a llorar de la angustia de verlo caerse, porque siempre se me lastimaba las manitos, se las volvía una nada”, cuenta su mamá mientras recuerda la historia de su proceso de aprendizaje con la bicicleta roja a la que él tanto se aferró.
Días previos a cada competencia, Alexander debe cambiar su plan de entrenamiento. Aunque tiende a ser menos exigente, busca acondicionar y no desgastar al deportista para el campeonato al que se debe enfrentar.
Superación profesional
A los 12 años Alexander Sánchez ingresó a la Escuela de Llano La Hacienda, una institución pública de aprendizaje convencional. Terminó la primaria, pero no pudo continuar con el bachillerato. “Él nos exigía el estudio, pero los colegios para niños especiales con muy caros. ¿No ve que la mensualidad era de un millón? ¡Yo de dónde iba a sacar, entonces dejamos así!”, cuenta su madre.
Con el paso del tiempo, él encontró una forma para cumplir su sueño. Se inscribió en la modalidad Cafam en el Colegio Pio XII de Pacho. No dijo nada en su casa. En el 2014 recibió el título de bachiller acompañado de sus papás y su hermana menor.
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Desde mayo de 2016 Alexander comenzó a trabajar en el Instituto Municipal de Deporte, Recreación y Cultura (IMDERC), por la política de inclusión de la Secretaría de Desarrollo Social de la Alcaldía Municipal de Pacho, Allí desempeña el cargo de auxiliar y profesor de la escuela de atletismo convencional para veinte niños, dos de ellos en condición de discapacidad. “Es una persona muy cumplida, yo le digo hay que estar a tal hora y él es el primero en llegar, es muy colaborador. Los niños lo ven como un ejemplo a seguir por lo que viaja y le va muy bien. Eso los motiva.”, dijo Alejandro Ortiz, jefe directo de Alexander. Además de esto, realiza un acompañamiento a los niños y jóvenes vinculados a la Fundación Elkin Armando, una institución enfocada a la ayuda y apoyo a personas diversamente hábiles.
“Una vez una niña me dijo que no podía más, que su novio había fallecido y que se iba a retirar. Pero le dije que mi vida nunca ha sido fácil. Pero siempre hay que buscar estar mejor, echar pa’ adelante, hay que echar pa’ arriba. Siempre pa’ arriba”, dice Alexander haciendo un gesto con las manos hacia arriba.