El martes, los presidentes de Rusia y Turquía siguieron en vídeo, desde la oficina de este último, en Ankara, una ceremonia para conmemorar el inicio oficial de las obras de construcción de la primera central nuclear en suelo turco.
Rosatom, la agencia estatal rusa encargada de la energía nuclear, construirá las instalaciones en la provincia meridional de Mersin; está previsto que la central de Akkuyu empiece a funcionar en 2023.
Vladímir Putin ha declarado que la central representa una nueva fase en el desarrollo económico de Turquía. Recep Tayyip Erdogan, por su parte, ha afirmado ser testigo de un momento histórico gracias a la cooperación rusa.
Por otra parte, las autoridades turcas han decidido adquirir el sistema ruso de misiles tierra-aire S-400 a pesar de pertenecer a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Además, Turquía importa gas natural de Rusia.
Que este último país se encargue de la construcción de la central nuclear en suelo turco pone de relieve el fortalecimiento de los vínculos bilaterales.
Rusia y Turquía colaboran también en pos de la consecución de un alto el fuego en Siria. Moscú apoya al presidente Bashar al-Assad, mientras que Ankara respalda a las fuerzas antigubernamentales.
El presidente iraní, Hassan Rouhani, acompañará a Putin y a Erdogan este miércoles en Ankara, donde los tres mandatarios dialogarán sobre cómo poner fin al conflicto sirio.


