China pone un laboratorio en órbita en un nuevo paso de su programa espacial.

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China pone un laboratorio en órbita en un nuevo paso de su programa espacial.
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Jueves, Septiembre 15, 2016
Pekín pretende tener lista su primera estación espacial entre 2018 y 2022.

A las 10 de la noche de este jueves en Pekín, 4 de la tarde en España, si todo ocurre según lo previsto, los técnicos de la estación china de lanzamiento de satélites Jiuquan, en el desierto del Gobi completarán su cuenta atrás para el despegue de un cohete Larga Marcha 2F. Su objetivo, poner en órbita un laboratorio espacial, el Tiangong 2 (“Palacio Celestial 2”). Y con ello, lograr un nuevo salto del ambicioso programa espacial que China, vetada por EE UU de colaborar con la NASA en la exploración del Universo, ha emprendido en solitario.

Según explica Jiao Weixin, profesor de la Facultad de Ciencias Geológicas y Espaciales de la Universidad de Pekín, el envío de misiones tripuladas y suministros al laboratorio y el desarrollo de experimentos en él servirá de “preparativo para la construcción de la estación espacial” Tiangong 3. Una estación que China ya ha empezado a fabricar y se espera que esté lista entre 2018 y 2022. Contará con tres módulos, cada uno de más de 22 toneladas de peso, un telescopio Xuntian -con un campo de visión 300 veces superior al Hubble-, y estará en servicio durante al menos una década.

Aunque más reducida de tamaño que la Estación Espacial Internacional (IIS) en la que han cooperado la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y otros programas nacionales, es posible que para 2024 sea la única existente. El futuro de la IIS - en la que China no está autorizada a participar- no está garantizado después de ese año.

La estación es uno de sus proyectos más avanzados, pero las aspiraciones del programa espacial chino no se quedan ahí. Aunque aún por detrás en cuanto a tecnología con respecto a Estados Unidos, cuenta con la ventaja de recibir el respaldo inequívoco del Gobierno chino. Encaja perfectamente en la estrategia de crecimiento económico que se ha fijado Pekín, que quiere primar la innovación y el desarrollo tecnológico. Además, contribuye a su seguridad nacional. Y, por añadidura, sirve también como herramienta diplomática y de “soft power”.

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