La joven embarazada Sulaiha Ngatiman está agachada en el interior de su apartamento del segundo piso, donde persiste el fuerte olor a repelente de mosquitos que deja la guerra intensa contra el brote de Zika.
La mujer, 30 años de edad, se encuentra en el séptimo mes de embarazo del que será su quinto hijo, y reside en Aljunied Crescent, un tranquilo suburbio ubicado al este del centro de Singapur, donde se produjo el reciente brote de Zika, por lo que hoy se ha convertido en el campo de batalla de una auténtica guerra contra el mosquito Aedes (aegypti), que transmite el virus.
Desde la planta baja del edificio se eleva una neblina de humo, allí equipos de control de plagas armados con máquinas fumigadoras térmicas y otros aparatos desinfectan los lugares donde potencialmente podrían reproducirse los mosquitos.
"Estoy muy preocupada, porque he leído que muchos de los síntomas (de la enfermedad) apenas se sienten", dice Sulaiha a la AFP en el salón de su casa, donde pueden verse alineados sobre una mesa varios frascos de repelente para mosquitos. El olor a citronela -un repelente natural- se concentra en el aire.
"Todo lo que una madre realmente más puede querer es que su hijo nazca sano", agrega Sulaiha, quien ahora limita sus salidas al aire libre.
El Zika, presente actualmente en al menos 58 países, de los cuales el más afectado es Brasil, en la mayoría de los casos causa síntomas leves, como fiebre y una erupción cutánea.
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