Siguen rodando cabezas por la purga que sacude al régimen chino dentro de la campaña anticorrupción lanzada por el presidente Xi Jinping, que le está sirviendo para consolidar su poder y eliminar a sus rivales internos. Esta misma semana, la última en caer ha sido la de Ling Jihua, que fue mano derecha del anterior presidente, Hu Jintao, y ha sido condenado a cadena perpetua por corrupción. Tras ser juzgado a puerta cerrada el 7 de junio en Tianjin, una megalópolis industrial próxima a Pekín, Ling Jihua se pasará el resto de sus días entre rejas por haber aceptado más de diez millones de euros en sobornos, usado su poder para beneficiar a sus allegados y haberse apropiado de secretos de Estado, según informa la agencia estatal de noticias Xinhua.
De 58 años, su caída en desgracia comenzó en marzo de 2012, cuando su único hijo, Ling Gu, se mató al estrellarse su deportivo, un Ferrari 458, en el cuarto anillo de Pekín mientras conducía a altas horas de la madrugada con dos chicas que iban medio desnudas. Un episodio que, a pesar de la censura del régimen, volvió a revelar el lujoso y disoluto tren de vida de la «aristocracia roja» que ha florecido en el Partido Comunista al amparo del crecimiento económico de las últimas décadas.
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