Imagínese que usted es un padre con una cantidad importante de hijos y recursos limitados. El mayor es lo suficientemente adulto como para marcharse de su casa, pero no quiere hacerlo. Entonces se queda y consume recursos que sus hermanos necesitan desesperadamente. ¿Es correcto permitir que sus hijos sufran porque uno de ellos rehúsa a volar con sus propias alas?
Una dinámica similar está en juego entre el Banco Mundial y los receptores de su programa Asociación Internacional de Fomento. El AIF respalda un crecimiento equitativo en los países pobres ofreciendo préstamos y subvenciones a largo plazo y bajo interés a los Gobiernos nacionales. El programa financia a 77 de los países más pobres del mundo —la mitad de los cuales están en África—. También ofrece asistencia a un país que ya no la merece: India.
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