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¿Qué tan sana es la miel que consumimos a diario?
2017-09-18
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Por: Emanuel Enciso Camacho - Fotografías: Laura Vega - Oficina de Comunicación
Investigadores de Utadeo y la Universidad Nacional crearon dos métodos para establecer qué tantos residuos de plaguicidas y de metales pesados están presentes en este producto.

Investigadores de Utadeo y la Universidad Nacional crearon dos métodos para establecer qué tantos residuos de plaguicidas y de metales pesados están presentes en este producto. La detección temprana de estos contaminantes ayudará a que los apicultores puedan exportar sus mieles, al tiempo que se incentiva su consumo en el país. ¿Está listo para conocer cómo se analiza la presencia de estos residuos? Aquí le contamos el proceso, desde el Laboratorio de Inocuidad del Centro de Bio-Sistemas...

Investigadores de Utadeo y la Universidad Nacional crearon dos métodos para establecer qué tantos residuos de plaguicidas y de metales pesados están presentes en este producto. La detección temprana de estos contaminantes ayudará a que los apicultores puedan exportar sus mieles, al tiempo que se incentiva su consumo en el país. ¿Está listo para conocer cómo se analiza la presencia de estos residuos? Aquí le contamos el proceso, desde el Laboratorio de Inocuidad del Centro de Bio-Sistemas Alberto Lozano Simonelli.

Las abejas: un indicador del estado de nuestro ambiente


Las abejas, junto con otros insectos, no solo tienen la capacidad de polinizar cerca del 70% de los alimentos que consumimos a diario como las verduras, hortalizas y frutas, sino que además su organismo acumula las sustancias nocivas que están presentes en el entorno al realizar su labor de pecoreo, proceso en el cual recolectan el néctar y polen, beben agua y respiran. El radio de acción de estos insectos puede llegar a oscilar entre 3 a 4 kilómetros, razón por la cual “el ambiente en el que las abejas se mueven tiene incidencia en cuanto a la presencia o no de plaguicidas u otros contaminantes en sus productos apícolas”, menciona Zamudio.


El plaguicida llega a la miel luego que sus componentes penetran la planta, ya sea a través del suelo o por fumigaciones. Estos químicos se transportan al néctar que consume la abeja y que posteriormente digiere, transfiriendo parte de los plaguicidas al producto apícola y el restante queda en el cuerpo del insecto. Por su parte, el polen concentra una mayor parte de estos desechos tóxicos, en la medida que acumula las partículas contaminantes disponibles en el ambiente.

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